
"Cuando crucé el umbral, la casa se abalanzó sobre mí. Siempre pasa lo mismo con este montón de ladrillos y mugre, se lanza sobre cualquiera que atraviese la puerta y le retuerce las tripas hasta dejarle sin respiración."
La casa suele ser un escenario ideal para plantear historias de terror; esa ruptura de la cotidianidad, privacidad y seguridad que tenemos asociados a ese espacio, suele ser un elemento perturbador y potente.
Por mencionar algunas de las novelas de terror que únicamente tienen como escenario una casa, se me ocurren "La caída de la casa Usher" de Edgar Allan Poe, "La maledicció de Hill House" de Shirley Jackson o "La casa de arenas movedizas" de Carlton Mellick III; todas ellas grandes lecturas y ahora añadiré esta novela, que en apenas 140 páginas desarrolla todo un universo de ideas.
Una casa perdida en un páramo de la España profunda, en la que conviven una abuela y su nieta junto con sombras, santos, ángeles (de aspecto muy distinto al de los cuadros), muertos que van de visita... sin embargo los vivos no pasan por allí, solo a escondidas para pedir un atado.
Ahora la nieta regresa a casa después de un incidente y se resigna a su destino (nadie puede huir de esa casa), mientras la abuela la observa y va comprendiendo lo que hace años no pudo.
A través de estas dos voces (nieta y abuela) vamos conociendo toda la historia de la familia, sus rencillas políticas, la lucha de clases, la precariedad laboral de los jóvenes... Pero las luchas sociales no lo serían sin un componente feminista, y es en este punto donde la novela adquiere todo su potencial al entrecruzar temas como el patriarcado, la violencia machistas y la venganza de las mujeres (apoteósico el final del marido de la bisabuela).
La narración, al igual que la carcoma, va creando galerías que te adentran poco a poco en este entramado de temas, hasta llegar a lo más profundo de la casa (o de la psique).
Junto a todo ello, no podemos dejar sin mencionar la utilización de una narración sin comas, ni diálogos que da la sensación de claustrofobia, de prisa, caos... y a la vez, tiene ese punto de secreto contado en susurros, de conversación que genera sinergía, de ese espacio no público en las que se relegaban a las mujeres...
Una novela visceral, cruda e intensa hasta el final, que te carcome desde que cruzas su puerta y te enfrenta a las sombras que seguimos arrastrando.